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24 abr 2009

Falsos Techos


Un hombre sabio nos dijo una vez que en arquitectura o en construcción no debería jamás haber nada que se pudiera calificar como falso. Tenía razón. Lo falso quiere decir engañoso, fingido, simulado, falto de ley, de realidad o de veracidad. 

Lo falso es lo contrario a la verdad. 

Llamar falso a un elemento que forma parte de un proceso constructivo es algo que me cuesta asimilar. Y tampoco me entra en la cabeza cómo es posible que nosotros, los arquitectos, los que llamamos 'huecos' a lo que el resto de los mortales llaman ventanas, 'paramentos verticales' a los tabiques, y 'piel o membrana' a la fachada, sigamos llamando 'falsos techos' a los falsos techos o cielorrasos (que también se las trae esta palabreja) a pesar de ser una pésima calificación para este elemento tan útil y tan necesario.

La gran mayoría de los elementos que intervienen en una producción cinematográfica son falsos, precisamente porque se trata de representar una ficción como si fuera real. Por ello se necesita un grado de engaño que haga verosímil la simulación. En este caso la falsedad y el engaño no implican una carga peyorativa ya que la finalidad de una película es precisamente que dicha ficción genere en el espectador sentimientos similares a los que le provocaría una realidad similar. Al cine vamos a creernos mentiras que recrean sensaciones reales en nosotros. 

Así, podríamos llamar 'falsa luz' a la iluminación, 'falsas pieles'" a los maquillajes, 'falsos sonidos' a los efectos sonoros e incluso 'falsos actores' a los especialistas y a los dobles. Pero en arquitectura y en construcción no creamos ficciones sino realidades. En arquitectura no hay trampa ni cartón. No hay nada falso en una edificación ni queremos que se catalogue de falto de realidad a ninguno de sus componentes. Ni siquiera podríamos calificar como 'falsos' ciertos elementos decorativos u ornamentales que aparecen cada dos por tres en muchos edificios. Ni tampoco nos gustaría que se definiese como engañosa la arquitectura de la cosmética, que trata de maquillar realidades para mitigar el efecto cutre derivado de la vergonzosa chapuza en la que se ha convertido la obra gruesa.

¿A alguien se le ocurriría acusar de falso suelo a un suelo técnico? ¿Quién osaría nombrar a una fachada ventilada con el apelativo de falsa fachada? ¿Y en este último caso, cual es la 'fachada-real-de-verdad-de-la-buena'? ¿La piel exterior o la que hace las funciones de aislamiento y acondicionamiento? ¿Son los elementos de compartimentación interior que no trabajan estructuralmente (es decir, la tabiquería) unos farsantes simplemente porque sólo distribuyen y no reciben cargas? ¿Son éstos, por tanto, los falsos muros?

Proponemos dos nombres para los actuales Falsos Techos, que derivan del uso para el que estén colocados:

Techo Técnico (TT)

El mal llamado Falso Techo debería pasar a llamarse Techo Técnico'. Un nombre que hace justicia a este elemento, ya que realmente cumple el mismo cometido que un suelo técnico. Permite poder distribuir horizontalmente ciertas instalaciones como las de climatización, electricidad e iluminación, megafonía, redes de detección y extinción de incendios y en algunos casos los colectores horizontales de la red de saneamiento. 

En un edificio de oficinas, el paquete compuesto por los techos técnicos+forjados+suelos técnicos, constituyen una parte fundamental del correcto funcionamiento de los sistemas técnicos del edificio, ocupando en ocasiones un espesor total de más de 1.20 metros por planta en el desarrollo vertical del edificio, lo cual no es para nada despreciable.

Techo de Corrección de Alturas y Proporciones (TCAP)

Este sería otro nombre adecuado (aunque demasiado largo y algo pedante) que se ajustaría más a otra de las funciones que cumple. En ocasiones, la finalidad de este doble techo no es simplemente generar un espacio técnico para la distribución de instalaciones sino también acomodar o modificar la proporción del espacio interior en función del uso de cada punto del edificio para que las alturas de las estancias no queden condicionadas por la altura de los forjados o las losas. Esta es igualmente una labor muy importante que no conviene subestimar catalogándolo de elemento de mentira.

Rebauticemos de inmediato los falsos techos para que dejen de ser de una vez por todas los grandes farsantes del mundo de la construcción. Reivindiquemos su importancia en las edificaciones y en la arquitectura. Recuperemos su valor y renombremos este elemento como se merece.

1 comentario :

manuel estepa dijo...

muy buena observación.

-techo técnico,
-techo de corrección de alturas y proporciones,...

podría haber algunos nombres más:

-techo flotante,
-techo colgado, o descolgado, también suspendido,
-techo ventilado,
-techo con/de cámara,...

-techo de tripas, jajaja.

con todo, cielorraso (cielo-raso) me parece una palabra también bonita aunque supongo que se referiría en su origen sólo a una técnica constructiva determinada, debe estar asociado a un material como pasa con muchas palabras específicas de la construcción.