25 may. 2017

Hell on Earth


El lugar más espantoso del planeta tierra tiene nombre. Se llama Baotou.

Baotou es una ciudad de la provincia china de Inner Mongolia cuya actividad principal es la industria metalúrgica y la minería. En 1950, antes de que comenzase a desarrollar su imparable carrera industrial, la ciudad contaba con 97.000 habitantes. Hoy la población alcanza los 3 millones de personas y en sus calles es palpable la prosperidad y el crecimiento económico y demográfico que ha experimentado este enclave del norte de China a lo largo de las últimas décadas.

Y a mí me cuesta comprender cómo en un sitio así puede existir el más mínimo atisbo de vida.

Baotou es literalmente el infierno en la tierra. Sus parajes huelen a azufre y a sulfuro. El agua es veneno, el aire te abrasa los pulmones al respirarlo y la mayor parte de los días la visibilidad en el exterior es casi nula. El vasto horizonte sólo se ve interrumpido por multitud de hangares, viaductos, refinerías, plantas de procesado, torres de refrigeración, chimeneas que escupen de manera incesante un denso humo negro que cubre el cielo casi en su totalidad y kilométricas tuberías repletas de desechos químicos que circulan paralelas a las carreteras circundantes.

Un informe reciente calificó este lugar como el peor lugar del mundo y una factoría llamada Baogang Steel and Rare Earth Complex es la responsable directa de este distópico paisaje industrial hipertóxico y postapocalíptico.

Casi cualquier aparato electrónico funciona gracias a los componentes extraídos en sus minas y procesados en sus refinerías. Desde televisores planos, smartphones, laptops, LEDs, auriculares, altavoces y discos duros, hasta motores y baterías para coches eléctricos, turbinas e imanes industriales. Todos estos dispositivos tecnológicos tienen una cosa en común: para estar operativos necesitan los llamados 'Rare Earth Metals' o 'Tierras Raras', unos minerales que, a pesar de su nombre, son bastante abundantes en la corteza terrestre y que corresponden a estos 17 elementos químicos de la tabla periódica: Escandio (Sc), Itrio (Y), Lantano (La), Cerio (Ce), Praseodimio (Pr), Neodimio (Nd), Prometio (Pm), Samario (Sm), Europio (Eu), Gadolinio (Gd), Terbio (Tb), Disprosio (Dy), Holmio (Ho), Erbio (Er), Tulio (Tm), Iterbio (Yb) y Lutecio (Lu).

La extracción de estos minerales requiere el uso de compuestos como ácido sulfúrico, ácido fluorhídrico y dióxido de azufre a través de un complejo proceso de explotación que genera elevados niveles de contaminación debido al desecho de materiales radioactivos depositados en el subsuelo como el Torio y el Uranio. En el interior del complejo Baogang Steel and Rare Earth de Baotou se procesa aproximadamente el 95% de las Tierras Raras que se consumen en todo el planeta y la cantidad de residuos tóxicos que produce este monstruo supera los 7 millones de toneladas anuales.

El teléfono móvil que llevas en el bolsillo contiene 8 tipos diferentes de estos metales. Tu ordenador portátil está literalmente infestado de Tierras Raras. Y lo que resulta todavía más delirante es que los paneles fotovoltaicos de las granjas solares y las turbinas de los aerogeneradores que vemos en los parques eólicos tienen una gran cantidad de imanes de Neodimio, lo que significa que estos minerales, cuya extracción y procesado es altamente tóxico, desempeñan un papel fundamental en las industrias limpias productoras de energías verdes y renovables.

En ocasiones el mundo es jodidamente paradójico, ¿verdad?.

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A las afueras de Baotou hay un lago.

Se encuentra a tan sólo 15 minutos conduciendo desde el centro de la ciudad aunque su acceso está restringido y controlado. Para acercarse a sus orillas es necesario atravesar numerosos checkpoints militares y probablemente no sea mala idea llevar puesto un traje NBC [nuclear-biological-chemical protection] acorde a las circunstancias. Es un lago artificial que se comenzó a construir en el año 1958 y actualmente continúa extendiéndose hasta más allá de donde alcanza la vista. Un mar negro y apocalíptico formado por una infinita acumulación de residuos tóxicos y radioactivos que decenas de tuberías provenientes de las industrias cercanas derraman incesantemente sobre sus costas.

A lo lejos en el horizonte y presidiendo majestuosamente el lago de los desechos, podemos llegar a intuir el skyline formado por las chimeneas de la refinería Baogang. De sus fauces surgen también los viaductos que vomitan su veneno en este océano negro de barro radioactivo construido por el hombre sobre terrenos que hace décadas fueron fértiles y provechosos para el cultivo.

Los campesinos de la zona dicen que nada crece ya por estos parajes. Los ganaderos ven como sus animales enferman y mueren constantemente. A muchos ciudadanos se les caen los dientes, el pelo se les vuelve blanco de manera prematura y padecen trastornos respiratorios severos y graves infecciones en la piel. Los niños nacen con enfermedades óseas como descalcificación y osteoporosis, mientras la tasa de cáncer entre la población joven alcanza cifras preocupantes.

A pesar de todo esto, la imparable demanda de aparatos tecnológicos a nivel mundial aumenta la necesidad de extraer y procesar más Tierras Raras y como consecuencia de ello se acentúa la actividad industrial de las minas y en las refinerías de la zona. Si crece el consumo, crece la producción, lo que hace que el tamaño del lago radioactivo aumente a igual velocidad que la bonanza económica de la provincia. A su vez, este imparable crecimiento económico produce uno demográfico de igual magnitud así que, mientras la ciudad continúa floreciendo, cada vez hay más y más personas viviendo en este infierno terrenal llamado Baotou, como si todo fuera parte de un bucle infinito de prosperidad y destrucción.

El océano negro y viscoso que les está matando crece al mismo ritmo que sus habitantes. Y les mata más rápido.

En ocasiones el mundo es jodídamente paradójico.

¿Verdad?

Foto de cabecera: Baotou Tailing Lake [Richard Seymour, 2015]
Hilo de Twitter con algunas imágenes y vídeos referentes al artículo.
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