7 feb. 2011

How much does your life weigh?

How much does your building weigh, Mr. Foster? Esta curiosa pregunta se convirtió en el título de un reportaje de autobombo camuflado como documental que narra la trayectoria del arquitecto británico Norman Foster. ¿Cuánto pesa su edificio, señor Foster?. Esa fue la pregunta con la que, en cierta ocasión, Richard Buckminster Fuller sorprendió al entonces joven arquitecto. En ese momento Foster no tenía la respuesta, aunque no tardo en hallarla: pesaba demasiado.

Hay otra pregunta similar que, durante estas últimas semanas, nos estamos haciendo a nosotros mismos continuamente. ¿Cuánto pesan nuestras vidas?. La respuesta es exactamente la misma: Pesan demasiado.


"¿Cuánto pesan sus vidas? Imaginen por un segundo que llevan una mochila. Quiero que la llenen con todas las cosas que hay en su vida. Empiecen con las cosas pequeñas, las cosas de los estantes, cajones… Luego las cosas más grandes. Ropa, electrodomésticos, lámpara, televisor de plasma… La mochila comienza a pesar. Sofá, coche, casa… Quiero que lo metan todo en la mochila. Ahora quiero que la llenen con gente. Empiecen por con conocidos casuales, amigos de amigos, gente de la oficina, y luego pasen lentamente a la gente a quienes confían sus más íntimos secretos, hermanos, hermanas, hijos, padres y finalmente esposo, esposa, novio o novia. Métanlos todos en la mochila. Sienten el peso de esta mochila. No se equivoquen, las relaciones son el mayor peso de su vida. Ahora intenten andar. Notarán como el peso nos impide andar deprisa. Mientras más lento nos movemos, más rápido morimos. No se equivoquen, moverse es vivir."

El párrafo anterior describe la filosofía de vida de Ray Binghan, protagonista de la película Up in the Air. No es que esta película nos entusiasme ni nada por el estilo, pero hemos querido referirnos a este trocito del guíon para definir cómo nos sentimos en estos momentos.

¿Qué partes de su vida mete uno dentro de una maleta, cuando no tiene ni idea del tiempo que va a pasar fuera de casa? ¿Qué cosas son completamente prescindibles? ¿Qué elementos puede uno dejar atrás sin arrepentirse? La respuesta es bien sencilla y queda aclarada también con el texto anterior: prácticamente todas las cosas que tenemos son prescindibles, excepto las personas a las que necesitamos y queremos. Ese es el verdadero peso que uno carga cuando se pone a hacer una maleta para iniciar un viaje sin billete de vuelta.

Hemos decidido dar un paso importante en nuestras vidas. Hemos dejado nuestros respectivos trabajos, hemos dicho adiós a nuestro querido apartamento de alquiler en el centro de Madrid, hemos abandonado temporalmente esta maravillosa ciudad que nos ha regalado momentos irrepetibles durante los últimos 15 años y hemos decidido cambiar el rumbo de nuestras vidas. Al menos durante un tiempo.

La vida es básicamente prueba y error y llevábamos demasiado tiempo sin probar, sin arriesgar, sin improvisar, sin acertar y sin fallar. Y ya era hora de hacerlo.

Estábamos aburridos. Muy aburridos. Levantándonos cada mañana con menos ganas y con menos fuerzas que el día anterior. Necesitábamos despertar de nuevo y recuperar las emociones y las ilusiones que siempre han sido el motor de nuestra existencia. Hemos decidido tomar un nuevo rumbo y hacer un punto y aparte.

En unos días partiremos hacia la ciudad de Shanghai.

Allí no tenemos casa. No tenemos amigos. No tenemos familia. No tenemos trabajo. No tenemos nada. Nos vamos únicamente con una pequeña maleta y con muchas ganas de probar, acertar o fallar. Queremos vencer el miedo que nos mantenía petrificados y tirar por el camino de la incertidumbre y del "qué demonios ocurrirá mañana".

Nos vamos a Shanghai con un billete sólo de ida.

Vamos a dedicar un período de nuestra vida a tratar de buscar qué camino queremos seguir. No sabemos cuánto tiempo nos quedaremos por allí. Tampoco sabemos cuántas veces tendremos que cambiar de destino en los próximos meses. Lo que sí sabemos es que necesitábamos dar un giro al curso de los acontecimientos y volver a recuperar las riendas de nuestras propias vidas... ahora que aún podemos hacerlo.

Y lo que más pena nos dá es que no podamos facturar dentro de esa maleta a nuestros amigos y a nuestras familias.

Ese sería el único equipaje, para nosotros, verdaderamente imprescindible.

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