1 ago. 2009

Námaste

En una semana partimos para India.

Vamos a conocer uno de los lugares más extraordinarios de la Tierra y allí nos fundiremos con los más de 1200 millones de personas que habitan este país. Vamos a conocer parte de uno de los territorios más soprendentes y de una de las sociedades más singulares de todo el mundo.


Probablemente veremos y viviremos situaciones que agitarán nuestras almas de una manera que no podemos ni imaginar. Probablemente regresaremos siendo unas personas diferentes. Probablemente nos haga relativizar ciertas cosas de nuestras vidas cotidianas. Probablemente nos pondrá del revés el espíritu y nos revolverá lo más profundo de nuestras mentes. Y probablemente todo esto, como pasa cada vez que te mueves por el mundo, acabe siendo muy positivo.


En un principio, nuestra intención es echarnos la mochila a la espalda y realizar un recorrido muy personal en el que se mezclan áreas más turísticas (aunque casi imprescindibles sobre todo para la primera vez que se visita India) con zonas mucho menos concurridas (debido a sus conflictos políticos, religiosos y territoriales) pero cargadas de una belleza indescriptible. Como hacemos siempre, hemos planteado una estructura general de viaje que se irá adaptando y modificando durante el transcurso del recorrido, debido a las diversas circunstancias, las preferencias y el azar. El viaje se compone básicamente de 2 zonas completamente diferentes (por un lado el desierto y por otra las montañas) y de una ciudad exenta a estas dos zonas (Ciudad Santa del hinduismo), pero que ella misma de por sí constituye una experiencia única. Durante el viaje, intentaremos movernos en diferentes medios de transporte en función del lugar y de las distancias recorridas con el fin de optimizar los tiempos. Por tanto, nuestra intención es: volar en avión para las distancias largas entre las distintas áreas y reducir al máximo los tiempos de enlace, movernos en tren por el desierto para vivir una de las experiencias más desconcertantes y curiosas del viaje a India, y alquilar un coche-jeep para la zona de las altas montañas, donde es completamente imposible desplazarse mediante otro medio de transporte.

En resumen, esta nueva andadura se podría resumir de la siguiente manera:


La Ciudad de Varanasi: Ciudad Santa del Hinduismo. Situada a orillas del río Ganges y fundada por el dios Shivá a principios de la era de Kali (3.100 a. de C.). Es una ciudad de peregrinación y según el hinduismo, todo aquel que muera en Benarés-Varanasi quedará liberado del ciclo de las reencarnaciones, por lo que mucha gente viene a morir aquí para ser incinerada en el rio Ganges o para darse baños purificadores en este mismo río.


El Desierto de Rajasthan: El Triángulo de Oro. Recorreremos en tren algunas de las ciudades que componen el mayor de los estados del noroeste de India. Jaipur, Udaipur, Jaisalmer, Agra, Pushkar, Jodhpur. El inicio y final de este recorrido se producirá desde Delhi. Aquí es donde el viaje se desarrollará en función de lo que nos vayamos encontrando, porque tratar de prever el funcionamiento de la red ferroviaria de India es una labor imposible. Por supuesto, y siguiendo con nuestra tradición de buscar y rebuscar las catástrofes naturales, viajamos en época de los monzones. Nos dijeron el otro día que viajar por tren en India es literalmente "Un viaje dentro del propio viaje por India". Desconocemos si esto es algo bueno o malo.


Las Montañas y los Valles de Cachemira: El Cielo en la Tierra. Así llaman a esta zona. La belleza de este lugar no es comparable a nada en la Tierra. Es un paraíso natural de una perfección extrema. Nuestra primera idea de viaje era recorrer toda esta zona, pero lamentablemente su situación político-religiosa es muy inestable y desde los atentados de Bombay se han agudizado los problemas en toda Cachemira, por lo que el ejército procede sin previo aviso al corte de carreteras durante semanas enteras. Así que era un riesgo concentrar en esta zona todo el desarrollo del viaje y preferimos diversificarlo un poco. Utilizaremos dos ciudades como puntos de referencia: Leh-Ladakh (ciudad budista) y Srinagar (ciudad musulmana). Dos ciudades muy diferentes rodeadas de lugares únicos en el mundo. Hemos hecho coincidir la llegada a Srinagar con el Ramadán, para poder ver cómo se celebra esta festividad en esta ciudad musulmana.


El año pasado recorrimos Vietnam y Camboya durante un mes y la experiencia fue irrepetible. Y despúes de un año regresamos a este continente para comenzar una aventura muy parecida en otro país notablemente diferente a los anteriores. Como dijimos en su día “Asia agota... pero engancha”. Y viajar y conocer, en nuestra opinión, es una de las cosas más gratificantes en esta vida. A ver si más o menos cumplimos la estructura general de viaje que tenemos planteada y sale aproximadamente según lo previsto... porque sinceramente, si algo tiene Asia, es que es totalmente imprevisible.


En la cultura India, hay una ley espiritual muy conocida. Se trata de la ley del karma, la cual señala que así como cada acción tiene una causa, éstas también traen sus consecuencias. De acuerdo con varias religiones dármicas, el karma sería una energía metafísica (invisible e inmensurable) que se deriva de los actos de las personas. De acuerdo con las leyes del karma, cada una de las sucesivas reencarnaciones quedaría condicionada por los actos realizados en vidas anteriores. Es una creencia central en las doctrinas del ayyavazhi, el budismo, el hinduismo y el jainismo. Puede que aprehendamos un poco mejor ciertos matices de esta ley espiritual, y podamos, a nuestro regreso, dar unas cuantas conferencias gratuitas en ciertos estudios de arquitectura, que nunca han sabido muy bien cómo funciona aquello de "causa-acción-consecuencia" y que ahora muchos están comprendiendo a marchas forzadas (y cómo no, a base de "denuncias forzadas" que es algo como mucho más occidental).


Esperamos descubrir India, y redescubrirnos a nosotros mismos. Esperamos conocer sus lugares y sus gentes, y auto-conocernos un poco más (y mejor). Esperamos alimentar y saborear cada rinconcito solitario y desconocido de nuestras almas. Esperamos seguir aprendiendo en cada viaje como si fuera el primero. Esperamos, como dijimos hace tiempo, que nuestra vida consista únicamente en aprender para jamás aplicar lo aprendido. En conocer como si fuera respirar. Sin más objetivo que mantenernos vivos.


Os deseamos a todos que paséis un verano irrepetible... que seguro que os lo habéis ganado a pulso. A la vuelta... contaremos la experiencia...



Námaste


1 comentario :

nmas1 dijo...

Bienvenidos
Bienhallados
Bienaventurados
Bienavenidos
Bienmesabe...

Bien... eso, que BIEN.

Un abrazo fuerte a los dos!!!