5 nov. 2016

Dazibao


A las dos de la tarde del 25 de mayo de 1966, una profesora de filosofía de la Universidad de Beijing llamada Nie Yuanzi escribió junto a otros seis activistas revolucionarios unas letras que cambiaron el rumbo de la historia. El texto llevaba por título '¿Qué están haciendo realmente Song Shuo, Lu Ping y Peng Peiyun por la Revolución Cultural?' y fue grabado con grandes hanzis de tinta roja en una pancarta que colgaron sobre el muro este de uno de los edificios de la Beida, nombre con el que se conocía popularmente a la Universidad de Beijing.

La respuesta a aquella pregunta retórica la ofrecían tras el titular los propios autores del comunicado, declarando que Song Shuo (Diputado del Comité Municipal del Partido en Beijing), Lu Ping (Secretario del Partido y Director de la Beida) y Peng Peiyun (Segundo Secretario del Partido) estaban elaborando clandestinamente un plan para traicionar los ideales revolucionarios y favorecer así a las facciones partidarias del camino capitalista.

Minutos después de colocar la pancarta sobre la fachada de aquel edificio cientos de jóvenes estudiantes universitarios se amontonaron alrededor del texto conteniendo la respiración. No podían creer lo que estaban leyendo. Los 'Guardias Rojos' de la Universidad de Beijing encabezados por Nie Yuanzi, acusaban públicamente a la dirección de dicha institución de estar actuando bajo el control de la burguesía y de promover acciones contrarrevolucionarias que atacaban las bases del Partido.

A las pocas horas del incidente, centenares de carteles con consignas revolucionarias inundaron las fachadas de todos los edificios del campus de la Beida acusando a sus decanos de actividades reaccionarias. Esa misma noche comenzaron a surgir sucesos similares en las escuelas y universidades de todo el país. La ola de protestas se extendió como la pólvora y las facultades entraron en una situación caótica a nivel nacional.

La tormenta se había desatado y ya nada ni nadie podría detenerla.

El 1 de junio de 1966, mientras los altos líderes del Comité Central estaban ocupados intentando hacer frente a la confusión, Mao Zedong declaró personalmente su apoyo incondicional al cartel de Nie Yuanzi y ordenó a la agencia de noticias Xinhua que lo difundiera de manera íntegra a través del diario nacional People´s Daily.

“Esto marca el comienzo de la destrucción de la fortaleza reaccionaria atrincherada en la Universidad de Beijing”, sentenció Mao tras su publicación.

Nie Yuanzi no fue consciente de la relevancia de su acción política hasta ese preciso momento. Se sintió traicionada y utilizada por algunos miembros influyentes del Politburó que la animaron a lanzar públicamente aquella acusación pero ya no había marcha atrás. Sus palabras fueron la chispa necesaria para que todo empezase a arder. La excusa perfecta para iniciar una Caza de Brujas sin precedentes que modificaría el rumbo y la historia del país.

Nie Yuanzi fue la ejecutora, sin saberlo, del dazibao que puso en marcha la Revolución Cultural Proletaria del Partido Comunista de China.

Desde tiempos remotos la humanidad ha buscado sistemáticamente la manera de expresarse tanto a nivel artístico como ideológico. Argumentos, doctrinas y credos. Opiniones y juicios de valor. Quejas, lamentos, protestas y muestras de descontento. Alabanzas o aplausos. Razonamientos, explicaciones, alusiones y testimonios. Críticas, defensas y veredictos. Sentencias, afirmaciones, acusaciones o alegatos. Todos ellos son en el fondo, mecanismos de expresión de una colección de idearios y sentimientos que ayudan a individuos y colectivos a posicionarse y tomar partido sobre los asuntos que les preocupan, les afectan o les indignan.

Y en muchos de los casos anteriormente descritos la arquitectura ha jugado un papel crucial, actuando y sirviendo como vehículo dentro del sistema de dos maneras bien diferentes: [A] como protagonista principal, funcionando como parte activa y dando respuesta de manera deliberada y planificada a las exigencias ideológicas de sus promotores o [B] como soporte físico parcialmente improvisado y habitualmente efímero que acoge y exhibe las acciones y reivindicaciones de otros agentes externos.

En el caso [A] hay un guión. Un proyecto cuyo objetivo es construir y materializar una ideología. Y como resultado encontramos arquitecturas programadas a priori para funcionar como instrumentos políticos. Como símbolos. En estos casos existe una intención previa y premeditada de convertir a la edificación en un aparato más que refuerce o represente la ideología del sistema, operando como agente activo del mismo.

Desde proyectos como la Catedral de la Luz de Albert Speer en Nuremberg o la Casa del Fascio de Terragni en Como, hasta el Monumento a la III Internacional de Vladimir Tatlin que finalmente nunca llegó a ejecutarse en San Petersburgo o el de Mies van der Rohe a Rosa de Luxemburgo en Berlín.

En el caso [B] los mecanismos de expresión surgen de forma ajena a la arquitectura pero la utilizan indirectamente para lograr cierto impacto social, tanto a nivel publicitario y comercial como ideológico y reivindicativo. En estos casos no existe intención alguna de convertir a la edificación en sí misma en un aparato político. Tan sólo se pretende que ésta funcione de una manera pasiva, actuando como un gran lienzo público desde donde exhibir y manifestar al mundo las expresiones, políticas, artísticas o incluso comerciales de una empresa, un individuo o un colectivo.

Desde el 'Bonjour Tristesse' en el edificio berlinés de Siza o el reciente 'Refugees Welcome' del Ayutamiento de Madrid, hasta las consignas, pintadas y carteles que salpicaron las ruinas del Muro de Berlín tras su caída en 1989. Desde anónimos murales soviéticos en las medianeras del Moscú de la Guerra Fría, hasta los mediáticos graffitis de Banksy que aparecen en las ciudades y muros de medio mundo. Desde los neones que iluminan Londres, NYC, Tokyo o Hong Kong con fines comerciales, hasta las los retratos de Lenin y Stalin exhibidos en la fachada del Hotel Colón de Barcelona en 1937 cuando funcionó como sede del PSUC.

Todo esto no deja de ser una variación politizada del 'Duck' y el 'Decorated Shed' que Robert Venturi y Denise Scott Brown nos describieron en su Learning from Las Vegas. En el caso que nos ocupa, el 'Pato' o caso [A] serían los edificios que en sí mismos constituyen una simbología ideológica y fueron concebidos con la idea de representarla desde el proyecto. Mientras que el caso [B] se vería reflejado en el 'Tinglado Decorado'. Edificaciones y estructuras genéricas que posteriormente han sido utilizadas como soporte para exhibir una simbología o para trasmitir un mensaje ideológico concreto. Letreros, graffitis, rótulos, pasquines, pancartas, afiches, pintadas, neones, pantallas, carteles o pósters, se han adherido a las fachadas de numerosos edificios del mundo a lo largo de la historia. Han parasitado la arquitectura convirtiéndola en un gigantesco altavoz desde donde manifestar y expresar públicamente sus mensajes.

Y es así como llegamos a uno de los fenómenos sociales más relevantes del siglo XX: los dazibaos.



La expresión de la opinión pública por medio de afiches es una tradición que se remonta a la China Imperial. Algunos ciudadanos descontentos escribían grandes carteles a modo de pancartas para criticar decisiones gubernamentales o para mostrar su rechazo ante el fallo de un magistrado. Estas consignas eran expuestas en las plazas o en las calles de las ciudades, a veces incluso frente a los tribunales donde se estaba celebrando un juicio. No había periódicos locales ni otros mecanismos de difusión, por lo que estos anuncios cumplían una función informativa a la vez que emitían críticas, opiniones o protestas sobre asuntos de distinta índole. El pueblo se reunía en torno a ellos y los vecinos debatían acaloradamente durante horas acerca de los diferentes asuntos que allí se mostraban.

Cuando las tasas de alfabetización se incrementaron después de la revolución de 1911 este mecanismo de expresión se popularizó de tal forma que acabó extendiéndose a casi la totalidad de las ciudades del país, e incluso se llegaron a habilitar muros con la única finalidad de exhibir estos mensajes a otros ciudadanos.

En aquella época no se les había bautizado aún como 'dazibaos' porque carecían de una verdadera dimensión política.

Los dazibaos o big-character posters como se conocen en inglés, son carteles escritos a mano que funcionaron como herramientas de expresión y represión política e ideológica durante la Revolución Cultural llevada a cabo por el PCCh entre los años 1966 y 1976. No eran simples denuncias anónimas. Era una condición indispensable que el texto estuviera firmado por la persona o personas que realizaban la acusación, la alabanza, la crítica o la denuncia.

A veces los dazibaos eran tan sólo pura propaganda política. Contenían citas de Mao, palabras de elogio a ciertas decisiones del Politburó o proclamas a favor de la revolución. Eran simples carteles propagandísticos con el único objetivo de difundir un ideario político entre los ciudadanos. La idea era crear un mural interminable de gritos y alabanzas para paliar el llamado divorcio entre las masas y el partido que se estaba produciendo en la República Popular China como consecuencia del 'Gran Salto Adelante'.

Todos estos, al fin y al cabo, eran textos informativos, propagandísticos o publicitarios. Y totalmente inofensivos a efectos reales.

El problema eran los otros. Los que se utilizaron como armas políticas. Los represivos.

Nie Yuanzi escribió el primer dazibao Marxista-Leninista de la República Popular China el 25 de mayo de 1966 y tras él llegaron muchos más. Durante los siguientes diez años, los dazibaos se convirtieron en una de las herramientas más poderosas con las que contó Mao Zedong y la 'Banda de los Cuatro' para llevar a cabo una campaña masiva dirigida contra aquellos altos cargos del Partido Comunista que representaban una amenaza para sus intereses. Mao promovió y lideró una gigantesca movilización estudiantil organizada en grupos de vigilancia llamados la 'Guardia Roja' para desacreditar públicamente y reprimir el avance intelectual del ala derecha procapitalista encabezada por Liu Shaoqi, Peng Zhen y Deng Xiaoping.

Los dazibaos plagaron durante una década los muros de las universidades y otros edificios públicos denunciando actividades sospechosas. Si el Gran Salto Adelante había afectado principalmente a obreros y campesinos, la Revolución Cultural atacaba directamente a sectores intelectuales y generalmente bien posicionados en la sociedad china. Profesores, catedráticos, escritores, científicos y artistas entre otros, fueron perseguidos y humillados públicamente mediante los textos de grandes dimensiones que cubrían el zócalo de todos los edificios. 'Monstruos y demonios' eran términos habituales para designar a los académicos e intelectuales que eran acusados y a menudo estos se veían obligados a portar ridículos gorros, collares o pancartas que los identificaban como tales. Otros, los menos afortunados, eran directamente enviados a cárceles o campos de trabajo durante meses o incluso años.

Las calles se llenaron de letras donde se mezclaban la propaganda, la sátira y la denuncia. Tanto en ciudades como en pequeños pueblos, en universidades y fábricas, muros, estructuras y edificios actuaron como soporte físico desde donde proclamar a los cuatro vientos la presunta traición del prójimo. Unos atacaban, otros juzgaban y otros tenían que defenderse. Los denunciantes jugaban con el tamaño y la posición de los carteles sobre las fachadas intentando a toda costa destacar sobre los demás. Mientras tanto, los denunciados se veían obligados a exculparse sobreescribiendo su propia defensa encima del dazibao que les acusaba de alta traición o utilizando grandes escaleras de bambú para intentar llegar más arriba que los demás y escribir donde aún quedaba sitio libre para hacerlo.

Las primeras plantas de los edificios de la República Popular China se convirtieron en nuestro actual timeline de Twitter, con sus linchamientos diarios masivos llevados a cabo por una turba encolerizada y cegada por la ira. Un gigantesco muro de Facebook urbano donde unos ciudadanos acusaban a sus vecinos de actividades criminales, mientras estos últimos se defendían como podían en un desesperado intento por evitar la cárcel, la humillación social o el escarnio público.


Nie Yuanzi no supo prever las consecuencias que iba a provocar aquel incendiario cartel que colgó sobre la fachada de uno de los edificios de la Universidad de Beijing. Pero cuando fue consciente de lo que se desencadenó tras llevar a cabo su acción, no dudó ni un momento en criticar abiertamente aquella persecución ideológica. Aunque ya fuese demasiado tarde. Nie fue encarcelada apenas dos años después de que Mao la recibiese como una heroína en la Plaza de Tiananmen. Era el año 1968 y estuvo encerrada en prisión durante 17 largos años acusada de crímenes contra el Partido.

A día de hoy Nie todavía vive. Tiene 96 años y reside junto a sus dos gatos en una pequeña habitación prestada por la beneficencia en un humilde barrio de Beijing. Y no pasa un sólo día sin que se arrepienta de haber pasado a la historia por ser la autora intelectual de aquellas palabras que transformaron las ciudades en un devastador palimpsesto de acusaciones, defensas, juicios y propaganda donde quedaron expuestos durante diez largos años los temores y los miedos más profundos de todos los Hombres.

[A fin de no saturar el artículo con imágenes, estas han sido subidas previamente a Twitter. Las palabras del texto resaltadas en negrita son enlaces a las fotografías relacionadas. La colección completa de imágenes de Twitter sin cortes en su hilo correspondiente está en este link]
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2 comentarios :

José Ramón Hernández Correa dijo...

Muy buen artículo. Para mí ha sido aleccionador.
Muchas gracias.

multido | Julen Asua | Nieves Merayo dijo...

Muchísimas gracias por tus palabras, José Ramón. Tu valoración y tu opinión es realmente importante para mí así que me alegro más de lo que crees de que te haya gustado. La verdad es que se han quedado mil partes de la historia en el tintero, pero para poder contar en el blog la parte que nos interesaba hemos tenido que realizar una labor de depuración enorme. Al final, la idea era tratar de relatar un pedacito de la historia a modo de breve cuento y me complace ver que os ha interesado. ¡Un abrazo!