2 abr. 2011

Como niños pequeños

Miro a través de la ventana y veo a mis pies Shanghai completamente iluminada. En esta ciudad las noches tienen color de Apocalipsis y raras veces vemos las luna. Hay días que la niebla es tan espesa que cuando vas andando por la calle no se aprecia el final de los edificios y el cielo deja de existir durante unas horas.

Llevamos aquí tan solo un mes y medio pero parece que ha pasado media vida desde que iniciamos nuestro pequeño viaje hacia la incertidumbre. Estamos adentrándonos poco a poco en las fauces de este gigante que nos ha acogido con la mejor de sus sonrisas. Vamos paso a paso. Ilusionándonos, sonriendo, probando y jugando. Estamos aprendiendo de todo y de todos. Aprendiendo a hablar de nuevo. A leer y a escribir. Aprendiendo a comunicarnos con la gente. Realizando esfuerzos imposibles mientras tratamos de hacernos entender y que nos entiendan. Estamos viviendo el día a día como algo nuevo y sorprendente. Estamos improvisando. Vamos dando nuestros primeros pasos de nuevo y viendo las cosas con una perspectiva diferente.

Estamos aprendiendo para quizá jamás aplicar lo que hemos aprendido. Y eso es precisamente lo que buscábamos.

Somos como niños pequeños y miramos la vida con nuevos ojos. Y lo bueno de volver a ser un niño es que no tienes miedo a tropezar. Al revés... tropezar te divierte porque es algo de lo que puedes aprender. Y nos encanta esa sensación.

Tenemos tantas cosas que contar que no sabríamos ni por dónde empezar, así que mejor no empezamos por ningún lado. Vamos a continuar continuar escribiendo sobre todo aquello que nos llame la atención. Vamos a seguir haciendo lo que nos apetezca. Como siempre.

Nos quedan muchas cosas por hacer y por contar. Nos quedan muchas personas por conocer. Nos queda aún mucho camino por recorrer.

Pero antes de terminar esta entrada, nos gustaría dar las gracias a esas fantásticas personas que hemos conocido por aquí y que están consiguiendo que nuestra aventura sea, si cabe, muchísimo más estimulante. A Mathilde y Yeyo por ofrecernos un techo temporal durante las primeras semanas. A Edu, Natalia, Clara, Juanan, María, Héctor, Elisa, y muchos más... que nos están ayudando a crecer con su amistad y sus sabios consejos.

Y sobre todo y de una manera especial, a nuestros padrinos en el ilustre arte de la expatriación voluntaria: a Mónica, a Óscar y a Pablo. Sin vosotros todo esto hubiese sido muy diferente.

A todos vosotros, amigos... gracias por darnos tanto sin conocernos de nada.

Miro a través de la ventana y Shanghai sigue iluminada como una gigantesca nave espacial varada en el mundo. La noche reconvierte la ciudad en un amalgama de luces y sombras. Los rayos laser que surgen de los edificios de People Square cortan la niebla como cuchillos afilados. Y aquí estamos nosotros dos, divisando esta jungla urbana que nos devora y nos vomita cada día.

¿Hacia dónde dirigiremos nuestros pasos de hoy en adelante? ¿Qué nos espera? ¿Qué hay al final de este camino? ¿Qué ocurrirá mañana? ¿Y pasado mañana? Son preguntas cuyas respuestas tendremos que ir descubriendo con el paso del tiempo. Son partes de este nuevo camino que comenzamos a recorrer. Son los resquicios de los absurdos miedos que hemos dejado atrás. Son las consecuencias de las incertidumbres que hemos decidido asumir como parte de nuestra vida.

Nos sentimos orgullosos de estar aquí y de no tener respuesta a todas estas dudas que nos asaltan. Estamos contentos de tener que ir descubriendo nuevos caminos que hasta ahora parecían imposibles de recorrer. Nos alegramos de comenzar a dar nuestros primeros pasos de nuevo... y de volver a sentir que tenemos que ir aprendiendo las complejas reglas del equilibrio para avanzar hacia no se sabe dónde... Como los niños pequeños...

Un abrazo a todos desde esta nave espacial anclada a la superficie del planeta Tierra, llamada Shanghai.

1 comentario :

Kureka dijo...

Joooo...acabo de ver esto y vosotros aun no lo sabéis, pero soy una ñoña y puedo llorar perfectamente en la oficina!! jejeje..

Besotes!!!!

Mónica