25 jun. 2008

Piratas del Espacio

"Quince hombres sobre el cofre del muerto, jajaja,
la botella de ron.
La bebida y el diablo se llevaron el resto, jajaja,
la botella de ron."

Estamos hartos de oír a músicos y cantantes hablar de la piratería. Nosotros los arquitectos también tenemos un parche en el ojo y una bandera calavérica ondeando en las ventanas de muchos de nuestros estudios. Nos reconoceréis por nuestro garfio y nuestros tatuajes, por nuestros modales y nuestro aliento a ron seco. Somos malos. Muy malos. Somos peligrosos y estamos armados. Nuestras caras deberían salir en los carteles de Se Busca junto a los más temidos criminales. De hecho, no sé si se habrán percatado de que la actual crisis en la economía mundial viene provocada, en parte, por estos actos hostiles de piratería.

Nunca nos habíamos planteado seriamente en qué medida este sector también afecta directamente a la arquitectura, ya que nuestra profesión tiene un índice de piratería de software de más del 70%. Curioseando y valorando algunas opiniones acerca de este tema por la red, nos encontramos con bastantes reacciones que atacan a los arquitectos de manera muy cruda. Y lo peor es que estos ataques no vienen precisamente de ninguna compañía del tipo BSA (Business Software Alliance) ni nada por el estilo, sino que las realizan usuarios independientes que en muchos de los casos, defienden la utilización libre de los datos, películas y videos, a pesar de manifestarse claramente en contra de la piratería de software.

Extraemos aquí dos ejemplos que nos llamaron la atención:

OPINIÓN A 

"Yo, desde luego, si dos arquitectos me cobran más o menos lo mismo, pero uno tiene el AutoCAD pirata, que se lo meta por el culo, así de claro"

OBSERVACIÓN 

Se observa en este primer caso, que no se está hablando de la profesionalidad de los dos arquitectos sino de lo que cada uno va a cobrar. No le importa quién le ofrezca un mejor producto sino quién le ofrece un producto más barato. La calidad arquitectónica vuelve a ser una preocupación secundaria y el precio sigue ocupando el primer lugar. El principal problema de todo esto es que si todos los arquitectos trabajásemos pagando las licencias de los programas que utilizamos, es bastante lógico pensar que esto afectaría al mercado, elevando los precios que cobramos por nuestro trabajo, con lo cual se vería alterada directamente al alza, la primera de las preocupaciones de muchos de nuestros clientes: los honorarios. 

El dinero que se le paga a un profesional viene derivado de la suma de los costes de producción que se generan para la creación de un producto, más un beneficio industrial (es decir, los honorarios reales) que se lleva este profesional por la realización de su trabajo. Por tanto, el aumento de los costes de producción supondría automáticamente un aumento proporcional del precio final que paga el cliente por dicho producto. No podríamos en ningún caso disminuir los beneficios directos de los arquitectos teniendo en cuenta que actualmente están ajustados a unos mínimos que rozan el peligro de la bancarrota empresarial. Lo que está claro que no vamos a hacer es pagar por trabajar... faltaría más. Y que nadie piense que somos como las constructoras ya que nuestros márgenes de beneficio están en un universo bien diferente. Esa imagen del arquitecto rico, clasista, que mira a la gente de clase media por encima del hombro mientras se sube en su lujoso coche, hace tiempo que pasó a mejor vida, a pesar de ser lo que nos siguen vendiendo las series de televisión de nuestro país a diario. 

Viendo esta nueva situación lógica derivada de esta sencilla ecuación, no creo que la persona que hizo este comentario estuviera muy satisfecha con los consiguientes desembolsos provocados por esta "legalidad". Seguramente en el momento que a este cliente se le ofreciese un presupuesto detallado, indicándole qué cantidad de la que nos paga irá derivada a asumir los gastos por licencias de programas informáticos utilizados, se convertiría en un defensor a ultranza de la mal llamada piratería.

OPINIÓN B

"Eso es como si mi padre, que tiene una empresa de puertas metálicas “pirateara” las maquinas. Aquí lo que hay es una competencia desleal no ya sólo con la gente de tu gremio, sino también con cualquier persona que se gane la vida y tenga una empresa. ¿Si mi padre tiene que pagar por sus herramientas de trabajo porque no lo va a hacer un fotógrafo o un arquitecto? Existen versiones para estudiantes y cosas así, que aunque no siempre se ajustan a nuestras necesidades es interesante si queremos mantenernos dentro de la legalidad".

OBSERVACIÓN

Se observa en esta segunda intervención, que esta persona confunde una herramienta de trabajo como es un software de dibujo en 2D o 3D asistido por ordenador, con una maquinaria industrial que "fabrica" un producto de catálogo totalmente estandarizado, dentro de un proceso automatizado y perfectamente seriado. 

Los arquitectos, en cambio, no hacemos productos en serie. Los arquitectos no metemos nuestras ideas en una máquina que se encarga de materializarlas físicamente. No existe un catálogo cerrado de productos completos. Esta persona está seriamente confundida. Probablemente será de los que piensan que nosotros nos ponemos delante del AutoCad y le decimos lo que queremos y el programa se encarga de dibujarlo y ofrecernos las soluciones. El AutoCad trabaja toda una noche para que esté todo listo para el día siguiente mientras el arquitecto se va a dormir plácidamente. Este tipo de conclusiones son más que habituales entre muchos clientes. Si esto fuera así, gustosamente pagaríamos los 4.500 € que valen las licencias (para un número de equipos limitados). 

También nos ha llamado la atención la alternativa que nos ofrece basada en el uso de las versiones de software para estudiantes. No queremos negar su buena fe al tratar de ayudarnos a solucionar nuestro problema con el pirateo, pero esto sólo puede ocurrírsele a alguien que jamás ha tenido que redactar un proyecto de ejecución en unos plazos extremadamente ajustados, con un programa de dibujo al que le faltan la mitad de herramientas con las que trabajamos (véase el famoso AutoCad LT). Nada de esto cambiará hasta que el público no se dé cuenta que si la gente piratea o comparte (tanto productos acabados como software) no es por deporte, sino por una total desproporción entre salarios y precios de consumo, que obligan a ciertas pequeñas y medianas empresas o a consumidores independientes a buscar alternativas frente a gastos no asumibles.

ALGUNAS CONCLUSIONES

Parece ser que, según ciertos clientes, deberíamos tener todos las copias legales de todos los programas que utilizamos y repercutir el coste en el cliente, imponiendo unos beneficios mínimos en todo el sector, tipificando los programas que hemos utilizado y el coste que ha supuesto para tu empresa este uso.

Lanzamos al aire algunas preguntas: ¿Todas estas personas tienen el Office (por ejemplo) comprado legalmente? ¿Y el Acrobat? ¿Y su antivirus? ¿Qué hay del Nero o el WinZip? ¿También los han adquirido en una tienda pagando su importe? Y qué ocurre con los abogados, notarios y todo este colectivo de profesionales.... ¿también han adquirido de manera legal todos los programas de tratamiento de texto? Es evidente que no estoy hablando del bufete Harris & Moure o de Davis Polk & Wardwell Lawyers, sino del empresario pequeño o mediano que tiene un despacho modesto y una cantidad limitada de clientes.

Lo que ocurre es que es muy bonito hablar de temas empresariales cómodamente sentado en el salón de nuestra casa sin molestarse siquiera en entender el funcionamiento de cada sector profesional, así como el funcionamiento interno de las empresas que desarrollan cada software. Todavía hay ilusos que creen que las empresas creadoras de estos programas realmente sufren pérdidas con los pirateos que lleva a cabo el pequeño y mediano sector. Insistimos en que no nos referimos a Skidmore, Owings y Merril sino a los estudios de menor escala.

No se crea una industria pirata basada en un pequeño mercado que recurre a ella por instinto. Esta industria se basa en cómo está montado el propio sistema empresarial. Primero se genera por parte de cada compañía una necesidad y una dependencia, aceptando e incluso promoviendo el uso "pirata" de cada software por parte de la masa global de los usuarios. Después, se persigue este mismo uso pirata, cuando algunos de estos usuarios ha creado una pequeña empresa.

Primero nos enseñan a trabajar a todos con Autocad, Photoshop y 3DStudio, monopolizando el mercado de cada tipo se software (dibujo 2D, modelado y renderizado en 3D, tratamiento de imagen) y asegurándose de que aquel que aprende un programa en la época de formación, tiene un alto porcentaje de probabilidades de seguir utilizándolo de por vida. Después nos obligan a pagarles cantidades totalmente desproporcionadas por el uso de cada programa, sin que este pago sea, al menos, proporcional al beneficio que nosotros obtenemos con su explotación. Por no hablar de la limitación de equipos por cada software original, y la limitación temporal que te obliga a estar toda tu vida pagando un impuesto revolucionario cada vez que a los programadores se les ocurre añadir un icono (que no te sirve para nada) o cambiar el aspecto del logo del programa.

Parece que de momento el Colegio de Arquitectos ha movido ficha y quiere promover el uso de otros programas de menor coste sin que esto conlleve trabajar con software de baja calidad. 

Aquí enlazamos la noticia que nos ha provocado las reflexiones anteriores.

Quizá un buen día nos veamos comprando la última versión de AutoCad en una manta en la calle Preciados. O al ritmo que van las cosas, puede ser que nos toque a nosotros venderlas, y salir corriendo cuando veamos llegar a los municipales a lo lejos.

El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra.

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