11 nov. 2010

Salud y Libertad

El artista español Santiago Sierra (Madrid, 1966) fue galardonado el pasado día 5 de Noviembre con el Premio Nacional de Artes Plásticas. No esperó a que se cumplieran ni 24 horas desde su designación para rechazarlo. Santiago Sierra ha renunciado al galardón y sus 30.000 euros de bolsa por entender que quien lo concede (el Estado español) "instrumentaliza el prestigio del premiado". Es el primer galardonado que dice no a un premio que Cultura concede desde hace más de dos décadas.



Todos somos, inevitablemente, esclavos del sistema en el que vivimos. En mayor o menor medida todos estamos metidos en esta mierda. Nos manejan a su antojo como títeres sin voluntades y mientras tanto nos entretienen con pequeños dulces y divertimentos administrados en minidosis escrupulosamente calculadas para acallar las revueltas de los revoltosos y enmudecer a aquellos que no quieren cerrar la boca y acatar las normas. Pero lo que está claro es que en este mundo de cobardes, conformistas, sumisos, borregos y esclavos, todavía queda gente mínimamente dispuesta a seguir luchando por una de las pocas cosas por las que merece la pena vivir y cuyo significado ya fue olvidado hace demasiado tiempo por aquellos que necesitan tener dueños que les digan qué tienen y qué no tienen que hacer, y así sentirse seguros y poder continuar con sus míseras vidas. Aún queda gente que nos demuestra que el miedo, la docilidad y la sumisión absoluta son los instrumentos de control de quienes nos dirigen. Aún queda gente que quiere ser un poquito más libre. Aún queda gente que, sin salirse completamente del mecanismo, pues resulta del todo imposible, intenta mantenerse sensiblemente al margen, tomar las riendas de sus decisiones y mantener sus voluntades lo más intactas posible. Aún queda gente que sabe decir NO y asumir las consecuencias.

Otros muchos, por contra, critican por defecto estos pequeños actos de rebeldía y cuestionan de manera automática las verdaderas intenciones de quienes los llevan a cabo. Ponen en tela de juicio estas pequeñas guerrillas contra aquellos que manejan el cotarro y lanzan acusaciones baratas basadas y apoyadas en las conjeturas simplistas que haría un niño de 2 años. Siempre han ocurrido cosas así. Son las voces adiestradas. Son los perros de presa defensores de aquellos que simulan darles de comer a cambio de tenerles como esclavos ciegos, mudos y sordos.



Personalmente nos dan exactamente igual las razones que han llevado a Santiago Sierra a tomar la decisión de escribir esta carta.



Nos da igual si es un gesto simulado que forma parte de su faceta de artista. Nos da igual si lo hizo por una autopublicidad hacia su obra. Nos da igual si es un acto subversivo fraudulento, camuflado y engañoso. Nos da igual si cree en todo lo que dijo o si mientras escribía la carta se estaba riendo de todo el mundo. Nos importa un bledo todo esto. Simplemente lo hizo. No hay nada más. Y me quito el sombrero ante él. Me inclino ante los hombres libres. Ovaciono su moral. Y les agradezco humildemente su valentía.


 
A continuación, reproducimos la breve carta publicada por Santiago Sierra. A nosotros nos parece que no tiene desperdicio.


Madrid, Brumaire 2010



Estimada señora González-Sinde,

Agradezco mucho a los profesionales del arte que me recordasen y evaluasen en el modo en que lo han hecho. No obstante, y según mi opinión, los premios se conceden a quien ha realizado un servicio, como por ejemplo a un empleado del mes.



Es mi deseo manifestar en este momento que el arte me ha otorgado una libertad a la que no estoy dispuesto a renunciar. Consecuentemente, mi sentido común me obliga a rechazar este premio. Este premio instrumentaliza en beneficio del estado el prestigio del premiado. Un estado que pide a gritos legitimación ante un desacato sobre el mandato de trabajar por el bien común sin importar qué partido ocupe el puesto. Un estado que participa en guerras dementes alineado con un imperio criminal. Un estado que dona alegremente el dinero común a la banca. Un estado empeñado en el desmontaje del estado de bienestar en beneficio de una minoría internacional y local.



El estado no somos todos. El estado son ustedes y sus amigos. Por lo tanto, no me cuenten entre ellos, pues yo soy un artista serio. No señores. No, Global Tour.



¡Salud y libertad!

Santiago Sierra 

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