21 abr. 2010

Amigos

Hace unos días, en el magnífico blog de StepienyBarno, se planteó un interesante interrogante. Los arquitectos Agenieszka Stepien y Lorenzo Barnó, lanzaron a sus lectores una pregunta:



¿Cuál es el recuerdo más enriquecedor que tenéis de vuestros tiempos estudiantiles?



Nada más leerla, empezamos a pensar. ¿Cuál fue el aspecto más importante y enriquecedor de mi etapa universitaria? ¿Cuál fue el punto de inflexión? ¿De qué cosas no podría haber prescindido? ¿Qué fue lo que más me marcó durante aquellos años?

Estuvimos varios días dándole vueltas y no encontrábamos ese hecho realmente importante por ningún lugar. Aquel profesor. Aquella clase de proyectos. Aquella conferencia. Aquel taller. Aquella asignatura. Aquel libro. Aquel arquitecto desconocido que descubrimos un buen día y nos enseñó cosas que revolucionaron nuestras mentes. Aquella entrega de la que estuvimos tan orgullosos. Aquel momento en que nos dimos cuenta que realmente habíamos aprendido. Aquel instante irrepetible que hizo que nos sintiéramos por primera vez arquitectos de verdad. Aquella tarde en la que toda la educación arquitectónica cobró forma en nuestras mentes e hizo que todo tuviera sentido. Aquel edificio. Aquel arquitecto.

Pero no. Nada de aquello podía considerarse como el mejor recuerdo de nuestra etapa universitaria. No encontrábamos ninguna respuesta en aquellas preguntas. Nada de todo aquello podíamos considerarlo como imprescindible. Nada era único e irrepetible.

Nos dimos cuenta del problema una semana después. Estábamos lanzando la pregunta correcta, en la dirección equivocada. La cuestión es que, tratando de encontrar aquello que nos marcó de por vida y gracias a lo cual somos lo que somos en este momento, estábamos focalizando todas nuestras miras hacia los estudios universitarios. Estábamos mirando únicamente a la arquitectura y a nuestra formación. Por eso no encontrábamos la respuesta. Estábamos enfocando nuestras miras hacia lo menos importante.

Y surgió la respuesta. Estaba ahí desde el principio pero estábamos dirigiendo la pregunta hacia el lugar equivocado. Y así fue como respondimos a la cuestión que nos planteaban Stepien y Barno.

Esto fue, más o menos, lo que contestamos:

El recuerdo más enriquecedor de la etapa universitaria, fueron las personas a las que hemos conocido, y las experiencias que nos brindó a diario la vida universitaria.

Vivir la universidad y conocer a grandes personas y a verdaderos amigos.

La decisión, en el año 1996 (con 17 añitos todavía), de salir de nuestras respectivas ciudades dejando atrás nuestros pequeños mundos, nuestras familias y nuestras gentes, para venir a Madrid a estudiar una carrera universitaria, fue una de las más importantes, influyentes y enriquecedoras de nuestras vidas.

Llegamos un poco perdidos y asustados. Llegamos sin tener un camino marcado. Nos tocaba por primera vez empezar a decidir por nosotros mismos hacia dónde teníamos que dirigir nuestros pasos. Fueron unos años muy intensos en los que ocurrieron cosas irrepetibles.

La carrera en sí misma fue importante, por supuesto. Probablemente obligó a cambiar nuestros esquemas mentales y realmente sabemos valorar su influencia. Nos alegramos mucho (a pesar de todo) de haber estudiado arquitectura. Las cosas que aprendías (de vez en cuando) también fueron decisivas e importantes, y el enriquecimiento personal derivado de los estudios universitarios propiamente dichos, por supuesto que fueron parte importante de aquellos años. Pero no fue nada comparado con aquellas personas con las que compartimos (y seguimos compartiendo) momentos increibles. Personas con las que hemos aprendido más que cursando cualquier carrera o cualquier máster.

Personas buenas, sencillas, naturales, inteligentes, con criterio (con muy buen criterio), llenas de ideas y de ilusión, repletas de vida, llenas de emociones y absolutamente contaminadas de obsesiones. Personas con las que hemos compartido innumerables trabajos y proyectos de todo tipo, interminables noches de entregas, prácticas imposibles de estructuras y miles y miles de horas de trabajo y esfuerzo, codo con codo y cabeza con cabeza. 

Pero con las que también hemos compartido viajes únicos e irrepetibles a rincones con los que jamás habíamos ni siquiera soñado (las primeras escapadas que hacíamos solos en nuestra vida), hemos compartido fiestas y reuniones surrealistas, nos hemos quedado sin saliva en esas charlas infinitas sobre temas que nos preocupaban y nos obsesionaban, hemos tratado de arreglar el mundo juntos millones de veces (aunque nunca lo hemos conseguido, por supuesto), hemos discutido hasta límites insospechados pero siempre hemos acabado con un fuerte abrazo, hemos compartido noches, días, alegrías y alguna que otra tristeza, hemos vivido momentos únicos y hemos conocido juntos lugares maravillosos al otro lado del mundo.

Siempre fue importantísimo para nosotros el hecho de vivir todo lo que rodeaba a la formación universitaria y todo lo que te iba ofreciendo el día a día. Nunca consideramos que las aulas fueran el único lugar para formarte. Nunca creímos en aquellos que se encerraban bajo llave y trabajaban adiestro y siniestro para sacar la carrera con el expediente más brillante y en el plazo de tiempo más breve posible.

Hay que vivir para formarse. Hay que soñar para evolucionar. Hay que respirar para notar que seguimos estando vivos.

La carrera universitaria te ofrece una formación que no significa nada si no se sabe complementar en sus dosis adecuadas con la vida, con las buenas experiencias y con la buena gente. Con las conversaciones, con las discusiones, con los abrazos y los besos, con las emociones, con los viajes, con los grandes amigos y con los buenos momentos…

Ellos, ellas, nuestros compañeros y nuestros amigos, nuestra gente y todo lo que hemos vivido y seguimos viviendo a su lado, son los que nos han ofrecido la verdadera educación y nos han ido formando como personas día tras día. Ellos y ellas. Son buenos amigos, de muchísimas carreras diferentes que proceden de lugares absolutamente distintos, con los que vivimos la parte más enriquecedora de nuestra formación universitaria. Y aún hoy en día, siguen siendo parte de nuestras vidas.

Gracias a vosotros, amigos... que ya sabéis quiénes sois.

No hay comentarios :