8 abr. 2010

Somos gilipollas

¿Qué demonios es el trabajo?

En mecánica clásica, el trabajo que realiza una fuerza se define como el producto de ésta por el camino que recorre su punto de aplicación y por el coseno del ángulo que forman la una con el otro. El trabajo es una magnitud física escalar que se representa con la letra W (del inglés Work) y se expresa en unidades de energía, esto es en julios o joules (J) en el Sistema Internacional de Unidades.

Pero no es este tipo de trabajo al que nos referimos. En Economía, el trabajo es, según la visión neoclásica, uno de los tres factores de la producción, junto con la tierra y el capital. Es la medida del esfuerzo hecho por seres humanos. Históricamente la forma predominante de trabajo fue la esclavitud, pero desde mediados del Siglo XIX, la esclavitud ha ido disminuyendo (aunque sin desaparecer del todo) para ser reemplazada por el trabajo asalariado como forma dominante.

Ahí es donde nosotros queríamos llegar. El trabajo asalariado. Ahora bien, ¿qué es el salario?

El salario es el precio del trabajo de asalariado en el mercado de trabajo, determinado en un contrato de trabajo que puede realizarse en forma individual (contrato individual de trabajo) o colectiva (contrato colectivo de trabajo).

Es decir, que el trabajo es básicamente un intercambio. El intercambio de producción (bien sea este un producto terminado o la mano de obra necesaria para obtener una producción determinada) por un salario. Es un intercambio de un servicio o producto por un precio concreto. Evidentemente el trabajo es parte de la vida, y dichosos aquellos que pueden realizar el trabajo que realmente anhelan. Pero la esencia misma de cualquier trabajo (nos satisfaga o no) es el intercambio.

Arantza, una amiga nuestra, nos ha enviado hoy por mail a varios colegas, una propuesta de trabajo muy especial. Hace unos meses hubiéramos pensado: "Pero... yo soy arquitecto. Eso no es para mí. Yo necesito otro tipo de propuestas u ofertas de trabajo. Eso no responde a mis expectativas ni a mi perfil. No es que me considere ni mejor ni peor, simplemente me muevo en otro espectro laboral". Pero hoy en día, tal y como pintan las cosas, nos da qué pensar. Nos hace reflexionar profundamente sobre muchas situaciones que vemos y vivimos a diario, en carnes propias y ajenas, y tras muchos momentos filosóficos de meditación transcendental, horas interminables de valoración y millones de neuronas desgastadas realizando serias cavilaciones sobre este asunto, hemos llegado a una compleja pero rotunda conclusión: "Somos gilipollas". Qué hostias. Somos más que eso. En el país de los gilipollas, nos coronarían reyes en menos que canta un gallo. Somos el sumum de los gilipollas. Somos los putos zares del gilipollesco inframundo laboral. Somos los parásitos intestinales de los gilipollas del universo. Qué digo. Somos las ladillas que les salen a los gusanos que, tras meses de descomposición y putrefacción, les salen a los parásitos intestinales de los gilipollas. Somos supragilipollas.

Pero antes de seguir pitufando sobre el asunto en cuestión, vamos a reproducir la oferta de trabajo que nos ha llevado a plantearnos seriamente el ínfimo valor de mercado que tendrían nuestros cerebros dentro del mundo empresarial. El correo de nuestra amiga decía lo siguiente:

Os mando una oferta de empleo, por si a alguien le puede interesar. Esta delegación está muy cerca de Cercanías Atocha.

Si tenéis candidatos, conocidos, amigos… que quieran trabajar en el MASTER de TENIS como Auxiliar de Accesos. esta es su oportunidad. No hace falta experiencia.

Requisitos:

- Disponibilidad total
- Fotocopia del DNI
- Fotocopia del número de Seguridad Social
- Fotocopia del número de Cuenta Bancaria
- Fotografía reciente

- Salario: 9 euros/hora

- Vacantes: 100 plazas

Interesados que pasen por la oficina de eventos de la calle Vizcaya número 6 en Madrid, con la documentación exigida. Esta es una oferta de trabajo dirigida únicamente a hombres. Las mujeres tienen la posibilidad de otras ofertas de trabajo dentro del mismo acontecimiento deportivo, en el interior del recinto. Se recomienda consultar las condiciones y requisitos para las ofertas de trabajo destinadas al género femenino.

No es broma. Conocemos a unos cuantos arquitectos titulados (más de los que nos gustaría conocer) que trabajan por el endemoniado salario de 4,90 euros la hora, sin contar horas extras a cuenta del trabajador cuando la situación lo requiera (o sea, casi siempre). Otros más afortunados, dedican su día a día a intercambiar sus conocimientos adquiridos tras duros años de aprendizaje, y su experiencia avalada por años de trabajo en diversos estudios y empresas, por un valor que asciende a la nada desdeñable cifra de 8 y 9 euros la hora. Y os aseguro que se pueden sentir más que satisfechos, porque son seres privilegiados dentro del perverso mercado que nos rodea. Y esto, no sólo pasa en nuestra profesión. Médicos a sueldo, abogados a sueldo, periodistas a sueldo... y miles de profesionales preparados trabajan por unos sueldos ridículos dentro de un mercado basado en políticas salariales abusivas y totalmente agresivas, que no premian al que hace bien su trabajo sino al puto mercenario que es capaz de hacer lo que le pidan por el mínimo. La generación JASP (Jóvenes Aunque Sobradamente Preparados) ha dado lugar a la generación JASPYBG (Jóvenes Aunque Sobradamente Preparados Y Bastante Gilipollas).

La conclusión es sencilla. Sale más rentable trabajar de Auxiliar de Accesos (con todos mis respetos para todos los Auxiliares de Accesos de España, o lo que viene a ser lo mismo "los que te cortan el ticket de la entrada por la línea que tiene los agujeritos perforados en la misma y te quitan el tapón de las botellas de agua que vayas a introducir en el recinto") que haber estudiado una profesión que implica una cualificación en un ámbito concreto y especializado.

Recalcamos el hecho de "No es necesaria experiencia previa". Me gustaría proponer que ofertas de este tipo figurasen en la bolsa de trabajo del COAM, porque al menos así a más de uno se le caería la cara de vergüenza al fijar un salario anual por el puesto que ofrece. Porque no sé si lo habréis visto, pero al margen de los ya famosos 18.000 euros anuales en 12 pagas (es decir, considérese capitán-general), hemos llegado a ver ofertas de trabajo que ofrecían entre 8.000 y 10.000 euros anuales por 40 horas de trabajo a la semana, lo que viene siendo 4.16 euros la hora. Y encima ponían que "se valorará coche propio" y que tengas el Proficiency. Por pedir que no quede, claro.

No sé si es que nos estamos volviendo todos locos o es que todo lo que nos rodea es una jodida tomadura de pelo. Reiteramos todos los respetos habidos y por haber hacia cualquier trabajo no cualificado, pero entendemos que no debería tener mejores condiciones un trabajo que no requiera una especialización que uno que viene seguido de una formación que dura unos cuantos años y que vale unos cuantos miles de euros. Nada es mejor ni peor. Nada es superior ni inferior a otra cosa. Simplemente no es lógico.

El otro día estuvimos hablando con varios amigos nuestros (ingenieros de caminos e ingenieros aeronáuticos) y nos decían que ellos, con una experiencia laboral de entre 8 y 10 años, se lo pensarían mucho para trabajar por menos de 38.000 o 40.000 al año, apuntando a mínimos. Tendríais que haber visto nuestras caras de asombro. Uno de ellos nos comentaba que evidentemente todo dependía de la empresa, pero que dentro de un rango lógico (y evitando empresas de poca monta o estafadores especializados), siempre podían encontrar ofertas con salarios que rondaban los 45.000 o 50.000 euros brutos anuales, sin contar los cursos de formación financiados por la empresa, las dietas y unos descuentos innombrables en vuelos nacionales e internacionales, en el caso de los ingenieros aeronáuticos. "Por supuesto que hay ingenieros que cobran mucho menos..." - nos decían mientras observaban nuestra cara de repoker de ases - "Pero aquí nos ves a nosotros. Somos cinco ejemplos que ratifican que si un ingeniero busca una retribución acorde a sus conocimientos, la encuentra tarde o temprano. Y si no lo encuentras en este momento (por la crisis, evidentemente), siempre puedes buscar fuera de España, que pagan eso y más."

¿Que funciona mal con nuestra profesión? ¿Qué es lo que no encaja? ¿No exigimos lo suficiente? ¿Nos han enseñado a dar sin esperar un mínimo a cambio? ¿O es que no valemos lo que creemos que valemos, a pesar de que nuestra formación es totalmente equiparable a la de cualquier ingeniero? ¿Dónde está el jodido problema?

Lo que está mal no es la oferta de trabajo que nos ha enviado Arantza. Lo que está mal es nuestro mercado de mercenarios a sueldo que no ganan ni para pagarse el desplazamiento en metro hasta sus puestos de trabajo. Quizá es por eso por lo que mucho se quedan a dormir (¿?) allí.

Hay que hacerse valer... porque nadie lo va a hacer por nosotros. Eso que quede bien claro.

Aprendamos de los controladores aéreos, que son un buen punto de referencia.

En esta vida es mejor que piensen que eres un hijodeputa con pintas en el lomo que un pobre tonto al que se le engaña con el mínimo esfuerzo.

Resumiendo: Somos gilipollas. Y está en nuestras manos dejar de serlo.

2 comentarios :

Mariano H Corujo dijo...

Buenos días...

Encontré vuestro blog a través de Bitacoras.com

Descarnada y muy realista nota la verdad.

El problema, casi paradojal, es que aquellos con más preparación son los que menos tienen a organizarse sindicalmente...

Por eso no tienen convenios colectivos provechosos: porque normalmente no los hay. Los acuerdos laborales de los profesionales están atomizados

Atuntuntun dijo...

Sinceramente, creo que tienes parte de razón, pero solo en parte. Muchos de nuestros predecesores “los arquitectos” de toda clase, famosos y no famosos, los últimos 15 años han destrozado el sector, el territorio y han vendido su ética profesional y a ellos mismos al diablo por un módico precio, han construido muchísimos edificios de baja calidad arquitectónica a cambio de grandes sueldos, y visto lo visto todo el mundo se cree capaz de construir cualquier cosa. Además han destrozado el paisaje, las ciudades y la cultura arquitectónica. Por suerte no han sido todos así, y seguro que nos pondríamos de acuerdo en decidir quienes hacen las cosas más bien, i también menos bien.

A parte de todo esto las universidades vieron una gran oportunidad, públicas y privadas, en abrir más y más plazas, sin pensar en nada, sin control y buscando un sistema de financiación rápida y efectiva, y como tantas otras cosas nuestra sociedad, nosotros, tragamos con una sonrisa, “mira que bien, mi hijo podrá ser arquitecto”, 6 universidades de arquitectura en Catalunya, vamos anda… que estamos locos o que?.

Pues ahora tenemos un mercado saturado, con algunos arquitectos de vocación y otros que se comieron lo de los sueldazos, y que claro… no pueden trabajar por menos. Yo lo comprendo todo, y estoy de acuerdo contigo que este mercado nos va a comer a todos, pero todo no es culpa suya, nosotros también tenemos nuestra parte.

Yo personalmente disfruto muchísimo siendo arquitecto, soy feliz, y mientras pueda serlo, aunque no pueda comprarme una casa, ir a esquiar, o viajar por todo el mundo con mis amigos aeronáuticos, voy a realizar mi profesión lo mejor que pueda y sepa, investigando, leyendo, y intentando recuperar lo que hemos perdido. Y cuando no pueda practicar aquí me iré otro país a hacerlo, triste, si mucho, porqué no es justo, pero peor sería quedarme en casa.

Gran artículo, y aunque no lo parezca, estoy contigo, pero mirar el otro lado no es del todo malo. También creo que por 4 euros mejor me tiro al maquinista. Un placer