5 feb. 2010

El negocio fascista del Arte


No hablamos demasiadas veces de temas artísticos, y cuando lo hacemos no suele ser para bien. A pesar de que pudiera parecer lo contrario, el arte nos interesa (y mucho), nos mueve, nos atrae y nos llama la atención. El problema es (como pasa cada día con más ámbitos también regidos por peligrosos mercados) que cuesta extraer algo positivo de entre toda la mentira absurda en la que este mundo está inmerso. Ya decimos que esto pasa en todos los gremios y mundillos, no es algo exclusivo del artisteo. Pero en el Mercad(e)o del Arte contemplamos la caricaturización más ridícula y más rastrera de cómo unos pocos deciden el funcionamiento de los negocios.

Cada día nos da más pereza estar tamizando mierda durante años y años para acabar obteniendo una minúscula pepita de oro. Sinceramente, no compensa.

Pero ocurre que de vez en cuando aparece como por arte de magia el ansiado metal precioso. Ocurre que sin esperarlo, se descubre algo que resulta interesante, o al menos algo que no parece una tomadura de pelo disfrazada de cultura o de transgresión. Ocurre que, de vez en cuando, se desentierra esa pequeña pepita de oro entre la basura, y la verdad es que hace que uno se sienta realmente emocionado.


Hace unos meses fuimos a una conocida galería de Arte de Madrid (que tiene un nombre parecido a una marca de cigarrillos) para ver una exposición de un pintor hiperrealista desconocido para nosotros hasta entonces: Manuel Franquelo.

Hemos de reconocer que, desde hace unos años, nos llama mucho la atención el hiperrealismo pictórico. No vamos a entrar a explicar el por qué con detalle, pero nos parece que últimamente este género ha pasado a ser uno de los únicos estilos pictóricos que realmente logran despertar en el espectador un mínimo interés (Nota: Estamos hablando únicamente de pintura contemporánea, no de los clásicos ni de las vanguardias). El formato de la pintura ha sufrido unas cuantas revoluciones a lo largo y ancho de la historia del arte... revoluciones que realmente modificaron la manera de entender y percibir el mundo... pero desde hace ya mucho tiempo, la pintura se ha quedado estancada en su formato y parece que ningún pintor encuentre muchos más caminos por donde tirar para lograr una nueva revolución pictórica. No hay muchos más terrenos que explorar. Habíamos llegado a un callejón sin salida.

Por contra, los hiperrealismos consiguen abrir una pequeña senda dentro del arte de la pintura, en la que se pueden encontrar trabajos que logran nuevamente agitar al espectador, despertar curiosidades ya olvidadas y remover algún rincón oculto de nuestros espíritus. Mezclando técnica, detallismo, ciencia y sensibilidad en unas dosis muy precisas, se obtienen unos resultados verdaderamente interesantes. Nos parece una evolución magnífica de la pintura. Nos maravilla el perfeccionamiento tan sublime de una técnica, hasta el punto en que consigue, como su propio autor indica, superar la realidad mostrada por una fotografía.

Porque lo que sentimos y percibimos al contemplar un cuadro hiperrealista no es lo mismo que al mirar una fotografía. Ni siquiera es lo mismo que observar una realidad estática. Se ven las entrañas de la propia realidad. Se aprecian colores, texturas y composiciones que jamás percibiríamos de otra manera. Se sienten las entrañas del mundo, y se descubre el alma de los objetos inanimados como si estuvieran más vivos que el propio espectador, que mira y remira curioso entre sus precisas pinceladas. Y esto lo dicen dos enamorados del expresionismo y la abstracción, así que no creáis que ha sido fácil para nosotros acercarnos a este género y darle con el tiempo el valor que creemos que se merece.

Pero, a pesar de nuestra pasión por la pintura y la fotografía o por el caso concreto del hiperrealismo, no nos acercamos a aquella galería de arte atraídos por sus cuadros, más reales que la propia realidad. Nos acercamos a contemplar su obra dejándonos llevar más por el interés que nos suscitaron sus ideas acerca del mundo del arte y su manera de expresarlas clara y rotunda, que por la obra en sí misma.

Todo surgió tras leer una entrevista que le hicieron en un periódico y que pasamos a reproducir a continuación. Creemos que trata temas muy interesantes y dice abiertamente cosas que nadie suele comentar habitualmente por miedo a "ser excluido". Franquelo, en esta entrevista, incluso se atreve a catalogar de fascista el mundillo del arte. Parece ser, por lo que se aprecia, que el mercadeo del arte se parece mucho al mercadeo de la arquitectura. Y parece ser que, como en todo, hay gente que triunfa sin entrar en el círculo creado por los elegidos para autopromocionarse y seguir metidos en el business hasta las rodillas. Parece ser que la verdad, en ocasiones, también triunfa y se abre paso. Y eso nos encanta.

Como dice Manuel Franquelo: "Sería feliz en un sistema de microculturas donde cada actor fuese más libre". Nosotros también seríamos felices en un mundo sin controles de mercado, sin genios, sin obras con valor añadido, sin gente que pise la cara de su propia madre para subir más alto y salir en la ansiada foto, sin cachés, sin royalties, sin autobombos, sin poses estudiadas, sin controladores, sin figurines, sin profesionales de reconocido prestigio, sin favoritismos, sin listas negras, sin top tens, sin gurús, sin comisiones de sabios y sin números uno, ni dos ni tres. Seríamos felices en un mundo de microartistas y microprofesionales donde cada cual ponga el valor que quiera en función de sus propios criterios, y donde nos fijemos más en los buenos resultados que en los supuestos prestigios de unos pocos. Donde predomine el amor al precio y al caché dictado por el mercado... Porque el mercado, aunque parezca que se rige por reglas objetivas, realmente se rige por los criterios económicos que fijan unos pocos en función de sus propios intereses. Detrás de un mercado que mueve dinero, siempre hay genios que dictan quien entra en ese mercado, y quién se quedará fuera por los siglos de los siglos. Y esos genios, se mueven por dinero y por favores en una proporción de casos demasiado elevada.

Sabemos que todo esto es una utopía como la copa de un pino... pero si no fuera por las utopías... no existirían artistas de la talla de Manuel Franquelo.

Reproducimos a continuación la entrevista que nos descolocó las vísceras y nos animó a acercarnos a sus maravillosos hiperrealismos.

¿Será este el último género de la historia de la pintura? Esperemos que no sea así...

¿Qué es para usted el arte?

Lo que hoy en día entendemos como arte es el producto de una ideología que comienza a formarse en el siglo XVIII. Se trata de la génesis de un nuevo campo social, prácticamente inexistente en otras épocas y culturas, capaz de producir al artista (por oposición al artesano) como tal.

¿Se ha alejado el arte del público?

El arte contemporáneo necesita mantener una distancia con el público para que todo pueda continuar funcionando. Esto lo explica muy bien Natalie Heinich cuando dice que el dispositivo actúa, cíclicamente, en tres fases: el artista transgrede las fronteras del arte, el público manifiesta su rechazo y, luego, los especialistas legitiman esa transgresión facilitando que la parte más avanzada del público la acepte como arte. El círculo transgresión/rechazo/legitimación se repite cada vez más rápido y el número de especialistas dispuestos a legitimar las transgresiones y la parte del público dispuesto a asimilarlas es cada vez más reducido. Esto hace que el mundo del arte sea cada vez más pequeño, más elitista, y por tanto más alejado del público en general.

Pinta un cuadro al año y sólo ha expuesto dos veces en toda su carrera, ¿no es eso poco comercial?

La cuestión clave es si puede haber arte más allá de las reglas del mundo del arte. La respuesta lógica es negativa. Para mí, al no participar plenamente de la lógica del campo, es muy difícil de comercializar.

¿Se considera una víctima del mundo del arte?

Creo que toda nuestra época en su conjunto ha sufrido sus consecuencias. El mundo del arte es un juego social basado en la exclusividad y en la distinción generada por los diversos niveles de posesión de lo que Bourdieu llamó 'capital cultural'. Habría que reflexionar acerca de si todavía queremos mantener un sistema como éste.

¿Opina que el arte se ha convertido en un juego perverso?

Me parece perverso que se continúe luchando por el monopolio de la legitimidad para establecer lo que es y lo que deja de ser arte. La organización del mundo del arte se asimila a un régimen fascista, no existe mucha libertad de maniobra para nadie sin sufrir un elevado riesgo de quedar excluido. Yo sería más feliz en un sistema de microculturas donde cada actor fuese más libre.

¿Cree que los artistas famosos se han vendido?

Hay muchísimos artistas que participan en el juego porque así es como ellos entienden el arte. Algunos conocen lo bastante la lógica del campo artístico como para desafiarla y explotarla al mismo tiempo. Warhol o Duchamp son dos buenos ejemplos, pero no pienso que por esta razón se hayan traicionado a sí mismos. Sencillamente jugaron a manejar el juego y ésa fue su principal aportación al campo.

¿Son sus cuadros mejores que una fotografía?

Si me pregunta por la exactitud del color, tono y textura de las cosas representadas, la respuesta es sí, sobre todo si tenemos en cuenta el estado de la fotografía en los años 80, que es la época en la que yo utilizaba color en mi obra.

¿Es cierto que, si hacemos una radiografía al cuadro del desnudo, podríamos ver los músculos?

Sí, eso crea mucha fascinación. En esa obra traté de reconstruir la estructura física de la piel, los músculos, las redes venosas, etc., mediante múltiples capas pictóricas con el fin de que la obra resultase fabricada desde dentro hacia afuera más que pintada en el sentido tradicional.

Háblenos de los extraños artilugios que inventa

Para hacer el tipo de obra que yo hago no se puede utilizar únicamente el pincel, tienes que fabricar tus propios artilugios para poder conseguir ese tipo de resultado. A lo largo de los años he construido aparatos ópticos para observar el color así como aerógrafos y muchas otras herramientas de trabajo.

¿Por qué le obsesiona la perfección?

Me interesa la emoción que despierta la experiencia de lo sublime producida por todo aquello que nos sobrepasa, que queda fuera de la capacidad humana, que nos resulta inabarcable. La ausencia de huella humana en mis obras, el frío distanciamiento, lo preciso... Todo ello tiene su principal razón de ser en esto.

Manuel Franquelo (Málaga, 1953) es desde hace años una figura consagrada del hiperrealismo y un referente silencioso para un selecto círculo de artistas. A través de una búsqueda obsesiva de la perfección, fabrica pedazos de realidad cotidiana en sus cuadros, desde donde se cuestiona la idea de lo sublime, de todo aquello que nos sobrepasa y escapa a nuestro control.

Cuadro "Sin Título" (Acrílico y óleo sobre madera). Año 1989. Autor: Manuel Franquelo.
Texto inicial escrito por multido arquitectos

Entrevista publicada en El Mundo el día 8 de Octubre de 2009

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