12 jun. 2009

Castillos en el Aire


De los que nunca participaron en el equipo de efectos especiales de MatrixDe los que no supieron valorar el insuperable trabajo interpretativo de Megan Fox en TransformersDe los que propusieron que War of the Worlds se hiciera con maquetas a escala uno/uno. De los que no dirigieron 2001 A Space Odissey. De los que criticaron a Cube por ser una estructura demasiado racionalista. De los que pensaron que X-Men era una película porno gay. De los que cuando vieron Minority Report vaticinaron que en poco tiempo saldría al mercado ese nuevo plug-in para el 3DStudio Max con licencia gratuita de Creative Commons. De los que imaginaron que la nave nodriza de Independence Day podría ser uno de los proyectos ganadores para la Ciudad de la Justicia de Madrid (por supuesto sería de los que no pueden construirse con tan solo 2.500 €/m2, claro está).

De los profesionales y aficionados a la Ciencia Ficción y al Mundo Fantástico.

De la mano de todos ellos: Los que no trabajan con nuestras aburridas realidades. Los Señores de los Efectos Especiales. Ese pequeño grupúsculo de elegidos a los que no les afecta la Ley de la Gravitación Universal. Los que han sido tocados por el dedo de Dios eliminando de sus vidas cualquier problema técnico o constructivo. Los que han adquirido poderes sobrehumanos para edificar lo imposible.

Llega a nuestras pantallas lo más novedoso en Edificaciones Fantásticas. El último aullido en Espacios Imposibles. La nueva y espeluznante entrega de la Liga de los Arquitectos Extraordinarios.

Bienvenidos seáis todos, simples mortales, al:


Ya está aquí la Nueva Era. La Generación de SuperArquitectos es ya un hecho. El rigor, la honestidad y la profesionalidad han pasado a mejor vida. Lo importante ahora es el fuego artificial, la irrealidad elevada a la enésima potencia y el insulto barato a todo un colectivo. Disfrutad todos de la calidad de las propuestas presentadas. Pinchad en este enlace y haced scroll-down para deleitaros con estas maravillas dignas de estudio. Merece la pena de verdad. Seguramente os sentiréis abrumados ante un despliegue de calidad de estas características. Es la arquitectura en su estado puro.




Ya hablamos largo y tendido sobre este concurso-broma en una entrada anterior. Tenemos que matizar, que por supuesto que nos gusta que se asuma cierto riesgo en las propuestas, o que haya una dosis lógica de espectacularidad en algunos concursos. Pero esta chaladura de parque temático (malo) no tiene nombre. Esta oda a la imaginería sin pensamiento ha tocado unos límites que rayan en el absurdo. Hay edificios que incluso están literalmente volando. Pongamos a Walt Disney a fuego lento para que se descongele y vea esto, que seguro que lo flipa.



¿Por qué nos empeñamos en ser de todo, menos arquitectos? ¿Qué hay de malo en proponer arquitectura para un concurso de arquitectura? ¿Acaso se nos queda pequeña nuestra profesión? ¿Es que todo cristo quiere convertir a la arquitectura en una jodida broma de mal gusto?



Sinceramente, se nos cae el alma a los pies al ver esto. Y luego nos quejaremos de que nos hayamos convertido en el bicho raro de la patética sociedad contemporánea. Luego echaremos pestes diciendo que nuestra profesión se devalúa. Pero cómo no se va a devaluar si cada día hay menos gente que realmente trate de hacer bien su trabajo. Unos por ser demasiado cutres y otros por pretender ser cosas que no son. Desde aquí reivindicamos el término medio que por narices tiene que existir, entre el arquitecto tipo Pocero de Seseña con el palillo en la boca y el arquitecto tipo Dolce & Gabanna con la WallPaper bajo el brazo.



Un amigo nuestro decidió un buen día dejar de trabajar para estudios de arquitectura al uso porque lo que realmente le gustaba era diseñar entornos y escenarios digitales dentro del equipo de desarrollo de una empresa de videojuegos. Su meta a largo plazo era trabajar para Pixar en el ámbito de las animaciones cinematográficas. Ciudades imposibles, plataformas móviles, entornos históricos, templos imaginarios, maquinarias increíbles, macroestructuras voladoras, interiores espectaculares de todo tipo. En este tipo de empresas requieren el trabajo de arquitectos y por supuesto los condicionantes para el desarrollo de estos escenarios virtuales no son precisamente un presupuesto por metro cuadrado, ni las acciones a viento, ni siquiera el cumplimiento del Código Técnico. Nos parece que es una alternativa muy válida para dar salida a la imaginación de una manera más libre y por supuesto, más ética. Lo que no nos parece normal es que en un concurso de arquitectura, los participantes demuestren con sus propuestas que no tienen ni pajolera idea de ser arquitectos, ya que están ofreciendo un producto que no tiene relación con el mercado al que va dirigido. Están proponiendo sus proyectos en el sector equivocado, por lo que sus productos podrían perfectamente catalogarse como una broma de mal gusto o mejor dicho, solo podemos definirlos como basura ofensiva.



Lo que nos diferencia de los creativos publicitarios y de los diseñadores gráficos es que nosotros somos arquitectos y ellos no. Y sinceramente, no tiene nada que ver una cosa con la otra. Si tratamos de ofrecer al público exactamente lo mismo que ofrecen ellos (y lo hacen mucho mejor que nosotros, por cierto) estamos cavando nuestra propia tumba laboral. Somos arquitectos y lo que hacemos no lo puede hacer cualquiera que tenga un buen ordenador y sepa utilizar el Photoshop y un programa de tres dimensiones. Pero con propuestas de este tipo estamos admitiendo precisamente lo contrario... que lo que hacemos lo hace cualquiera con un mínimo de mano izquierda con programas de diseño. Somos arquitectos joder... que nadie se confunda. Las herramientas gráficas son instrumentos que utilizamos, pero no son un fin en sí mismo. Construir un edificio tiene una complejidad mucho mayor que diseñar un logotipo... y me parece a mi que la inversión económica también es algo superior. Y nosotros, se pongan como se pongan algunos, pensamos y diseñamos edificios que se construirán. No deberíamos hacer solo cartelería, si esta no tiene detrás una voluntad técnica que justifique una intervención.



Nos gustaría saber qué opina LebbeusWoods de todo esto. Al menos su utopía tenía sentido y sí estaba enfocada correctamente dentro del mercado al que estaba dirigida, y sus dibujos tenían un rigor y un carácter de experimentación arquitectónica, que va mucho más allá de la mera representación gráfica y de la imagen publicitaria facilona maquillada por Photoshop.

Viene de la entrada: El Club de los Grandes Cómicos de la Arquitectura

1 comentario :

nmas1 dijo...

Magnifico articulo Nieves y Julen.

me gusta esppecialmente una frase que hemos usado a veces. "Queremos ser de todo menos arquitectos".
Enologos, biologos, sicologos, gemologos....proctologos y lo que se tercie y se ponga de moda.

Todo menos ser arquitectos.
Pero que te puedes esperar si un iluminado que va por ahi diciendo que la arquitectura es una profesion acabada, haciendo la gracia (que puñetera gracia que tiene)... Esta de ponente en una mesa de debate del Congreso de Valencia.
Sicaliptico. Y mientras nosotros jugamos con el florete a hacer "la pimpinela escarlata" los ingenieros y los aparejadores con el panzer. Imparables.
Asi de bien nos va.

Animo y anhorabuena por el blog! Un abrazo a los dos.