15 abr. 2008

No todos somos Bergman


¿Qué es mejor, un arquitecto que trata de hacer viviendas con conceptos arquitectónicos novedosos y específicos, generando nuevos modelos de habitar o un arquitecto que trabaja para una macroempresa promotora-inmobiliaria, que trata de ofertar más de lo mismo pero que también intenta hacerlo con cierta moralidad espacial? 

¿Es lícito subestimar el trabajo de los arquitectos que no hacen edificios singulares? ¿Son todos ellos seres malvados? 

Al final todo se basa en lo bien que cada arquitecto quiera hacer su trabajo, independientemente de qué tipo de trabajo le toque hacer.


El sistema es muy complejo y hay muchos problemas de por medio que no cualquiera puede aguantar. Se necesita mucha moral y lo que es más complicado, mucho dinero. Es muy difícil sacar adelante algo 'no convencional' ya que una gran parte del proceso no depende de decisiones arquitectónicas. No todos vamos a tener la suerte de poder hacer lo que queramos. No hay que perder nunca la esperanza pero tampoco se puede negar la existencia de un mercado paralelo que hay que atender y que hay que mejorar.


Un amigo nuestro que vino ayer al SIMA con nosotros había participado en una de las promociones que allí se exhibían, y el resultado obtenido era de ese tipo de arquitecturas que jamás van a salir en ninguna revista de arquitectura que se precie, ni en la Diseño Interior, ni en El Croquis, ni va a exponerse en ninguna galería de ningún museo de ninguna ciudad del mundo. Pero a pesar de todo, él trabajó en ese proyecto durante mucho tiempo tratando de cuidar hasta el más mínimo detalle y tratando de que (dentro de los límites en los que podía moverse) el edificio estuviese 'lo mejor posible'. Tratando de hacer bien el trabajo que le tocaba desarrollar en ese momento. Eso es honestidad. Eso es ser un buen arquitecto. A las duras y a las maduras. Un profesional para las cosas buenas y para los elogios, y para las cosas no tan buenas pero tan reales como la vida misma.

Esto es admirable y estamos seguros de que detrás de muchos de los proyectos que vimos ayer hay una gran cantidad de profesionales cuya labor también es digna de admiración a pesar de que los resultados no sean del agrado de muchos de nosotros. Arquitectos que trabajan duro y tratan de hacer las cosas lo mejor posible, independientemente del tipo de producto que estén ofertando. Hay montones de arquitectos que no pueden hacer lo que se supone que todos entendemos como buena arquitectura pero que ponen todo de su parte para que las cosas salgan bien (o al menos lo mejor que pueden). A veces lo logran y a veces los resultados no son lo que ellos esperaban. Lo importante es la honestidad con la que llevan a cabo su labor.

No todos los directores de cine pueden ser Ingmar Bergman ni Stanley Kubrick. Pero hay muchos otros que hacen buenos productos dirigidos a otro tipo de público. Puede que nunca lleguen a convertirse en directores de culto, pero son menos importantes, porque trabajan poniendo todo lo que está en sus manos para que salgan bien las cosas a pesar de los contratiempos. 

No todos podemos ser Bergman. No todos podemos ser OMA. Pero sí podemos tratar de hacer lo mejor posible, aquello que nos toque hacer en cada momento.

O al menos, eso es lo que queremos pensar.

Este post es una continuación de 'Con otros ojos'

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